No nos vamos a engañar, queridos lectores, con presentación o sin ella, lo cierto es que todavía no nos ha llegado más que la triste indiferencia de cuantos se pasean por el mundo. ¿Será que toca insistir? Decía Valle-Inclán, el maestro, que «el ruiseñor nunca mira al suelo cuando canta». Pues bien, vamos a asumir esto, al menos mientras el éxito no llega. Es la vieja excusa de los que no son capaces de triunfar. ¿Y qué más da, si nos lo tomamos en serio? Que nos lean, que no nos lean. Que causemos debate, que causemos repulsión, que no causemos nada. Como somos cínicos, hacemos lo que hacemos y con eso nos sobra. Y el que se queje, que escriba algo bueno y se tomé un té.