Estamos un poco hartos de todo. Estamos hartos de las revistas, de las clases, de los estudios, de los deberes sociales... Sí, nosotros, los que nos animamos a decir algo en estas páginas, sentimos que el mundo va de muy mal en peor. La cuestión es bastante narcisista, pero, en fin, es nuestro sentir y eso no nos lo quita nadie. Estamos descontentos, molestos, pero no con nada ni con nadie. Nos duele el aire, nos molestan los relojes y los coches, pero también nos parecen tediosos el campo y la montaña. Las cosas nos fastidian, pero —para qué engañarse— sentimos un picante morbo en todo ello. Eso para empezar. Se supone que en una carta de presentación se debe hacer una declaración de intenciones, un alegato, un llamamiento... Pero, ¿qué pasa cuando no hay nada por lo que gritar? ¿Cómo se ha de proceder cuando lo único que ocurre es que no ocurre nada? ¡PERO ES QUE ÉSE ES EL VERDADERO PROBLEMA DE HOY EN DÍA!